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EDGAR POE

condiciones elementales de la dicha, son: la vida en pleno aire, el amor de una mujer, la ausencia de toda ambición y la creación de un Bello nuevo. — Lo que corrobora la idea de Mrs. Francis Osgood relativamente al respeto caballeresco de Poe por las mujeres, es, que no obstante su prodigioso talento para lo grotesco y lo horrible, no hay en toda su obra un solo pasaje que ofrezca lubricidad ó siquiera goces sensuales. — Sus retratos de mujer son, por decirlo así, aureolados; brillan en el seno de un vapor sobrenatural y están pintados con la manera enfática de un adorador. — En cuanto á los pequeños episodios novelescos, ¿hay motivo para sorprenderse de que un ser tan nervioso, cuya sed de lo Bello era acaso el rasgo principal, haya cultivado á veces la galantería con un ardor apasionado — la galantería, esa flor volcánica y olorosa para quien el cerebro hirviente de los poetas es un terreno predilecto?

De su singular belleza, acerca de la que hablan muchos biógrafos, el espíritu puede, creo, hacerse una idea aproximativa recurriendo á todas las nociones vagas, pero sin embargo características, contenidas en la palabra romántica, palabra que sirve generalmente para pintar los géneros de belleza que consisten sobre todo en la expresión. Poe tenia una frente ancha, dominadora, en que ciertas protuberancias traicionaban las facultades encargadas de representar — construcción, comparación, causalidad — y donde tenía su trono, en un orgullo tranquilo, el sentido de la idealidad, el sentido estético por excelencia. Sin embargo de esos dones, ó hasta á causa de esos privilegios exhorbitantes, aquella cabeza, vista de perfil, no ofre-