El público, supremo censor en estas materias, oyó la comedia de El Viejo y la Niña, representada por la compañía de Eusebio Ribera en el teatro del Príncipe el dia 22 de mayo de 1790. Aplaudió, si no el acierto, la aplicacion y los deseos del autor, que daba principio á su carrera dramática con una fábula, en que tanto lucen la regularidad y el decoro.
Juana García desempeñó el papel de doña Isabel, reuniendo á sus pocos años su agradable presencia y voz, presion modesta del semblante, y la regular compostura de sus acciones. Manuel Torres, uno de los mejores cómicos que entonces florecian, agradó sobremanera al público en el papel de don Roque, y Mariano Querol supo fingir el de Muñoz con tal acierto, que pudo quitar al mas atrevido la presuncion de competirlela exRepresentada esta comedia en los teatros de Italia por la traduccion que hizo de ella Signorelli, fue recibida con aplauso público; pero muchas ilustres damas, acostumbradas taj vez á los desenlaces de La Misantropia de Kotzbue, y La Madre culpable de Beaumarchais, hallaron el de la comedia de El Viejo y la Niña demasiado austero y melancólico, y poco análogo á aquella flexible y cómoda moralidad, que es ya peculiar de ciertas clases en los pueblos mas civilizados de Europa. Cedió el traductor con excesiva docilidad á la poderosa influencia de aquel sexo, que llorando manda y tiraniza: mudó el desenlace (para lo cual hubiera debido alterar toda la fábula), y por consiguiente, faltando á la verisimilitud, incurrió en una contradiccion de principios tan manifiesta, que no tiene disculpa.