Por esta rápida enumeracion se echará de ver, que aquellos brillantes espectáculos dirigidos por un italiano y desempeñados por italianos, poco ó ningun influjo pudieron tener en el adelantamiento de los teatros españoles. Entre los músicos de la orquesta, solo don Luis Mison y otros dos ó tres instrumentos no eran extrangeros: entre los que cantaron solo hubo una actriz española: los artífices empleados en la pintura de las decoraciones, en la invencion y direccion de las maquinas, vinieron de Italia tambien. Se mandó que todas las piezas se imprimieran traducidas en castellano para distribuirlas á los concurrentes en la primera noche de su ejecucion. Se abrió el teatro con la ópera de La clemenza di Tito: encargóse á don Ignacio de Luzan la traduccion de ella, y la hizo, aunque en muy pocas horas, con el acierto que era de esperar las que se imprimieron despues las tradujo un médico italiano llamado don Orlando Boncuore, que ni se avergonzó de suceder á Luzan en aquel encargo, ni tuvo escrúpulo de hacerse escritor en una lengua que no sabia.
Sus traducciones pueden considerarse como otros tantos modelos de extravagancia y ridiculez.
En tanto pues que se admiraban reunidos en el Retiro todos los primores de la música, de la poesía, de la perspectiva, del aparato y pompa teatral, la escena española, miserable y abandonada de la corte, se