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Página:Obras de Leandro Fernández de Moratín - RAH (Tomo II - Parte I).djvu/32

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XXVIII
Prólogo.

sostenia con entusiasmo del vulgo en manos de ignorantes cómicos y de ineptísimos poetas. De nada sirvió el haberse dado al corregidor de Madrid el título de protector de los teatros, con el encargo de la formacion de compañías y el gobierno de ellas: la depravacion de nuestra dramática pedia de parte de la suprema autoridad providencias mas directas y mas eficaces.

El pueblo que tan estragado gusto manifestaba, se hubiera engañado mucho menos en sus juicios, si no se hubiese dejado sojuzgar por la opinion de ciertos caudillos que por entonces le dirigian, tiranizando las opiniones y distribuyendo como querian los silbidos, las palmadas y los alborotos. Los apasionados de la compañía del Príncipe se llamaban Chorizos, y llevaban en el sombrero una cinta de color de oro: los de la compañía de la Cruz Polacos, con cinta en el sombrero de azul celeste: los que frecuentaban el teatro de los Caños tomaron el nombre de Panduros. Habia un fraile trinitario descalzo, llamado el P. Polaco, gefe de la parcialidad á que dió nombre, atolondrado é infatigable voceador, que adquirió entre los mosqueteros opinion de muy inteligente en materia de comedias y comediantes. Corria de una parte á otra del teatro animando á los suyos para que dada la señal de ataque, interrumpiesen con alaridos, chiflidos y estrépito cualquiera pieza que se estrenase en el teatro de los Chori-