Pocos años despues obtuvo permiso el marqués de Grimaldi, ministro de Estado, para abrir teatros en los Sitios, y alli se representaron tragedias y comedias traducidas, en que se vió juntamente con el mérito de las composiciones, la propiedad de la escena y de los trages, y una declamacion, si no excelente, libre á lo menos de los vicios extravagantes que eran peculiares de los actores de Madrid y de las provincias.
El gran conde de Aranda, presidente de Castilla, empleó al mismo tiempo la acreditada habilidad de los hermanos Velazquez en pintar decoraciones para los teatros del Príncipe y de la Cruz: aumentó y mejoró la orquesta, estableció una policía interior y exterior que mantuviese el orden y decencia en el concurso, y reprimió la turbulenta parcialidad de los apasionados de ambas compañías, entre los cuales un herrero de la calle de Alcalá, llamado Tusa, era el alborotador mas obstinado y loco. Favoreció tambien con su trato y amistad á los escritores mas distinguidos de aquella época, y les exhortaba á componer piezas dramáticas, cuya representacion eficazmente promovia, á pesar de la repugnancia de los cómicos, poco dispuestos á recibir lo que no fuese irregular y absurdo.
Entonces se repitieron en Madrid las traducciones que se habian hecho para los Sitios, y ademas se escribieron algunas tragedias originales. Tales fueron la