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Página:Obras de Leandro Fernández de Moratín - RAH (Tomo II - Parte I).djvu/52

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XLVIII
Prólogo.

LVIII PRÓLOGOtuaciones no se preparan, los caracteres no se desenvuelven, los afectos no se motivan: todo es fatigosa confusion. Un solo interes, una sola accion, un solo enredo, un solo desenlace: eso pide, si ha de ser buena, toda composicion teatral. Las dos unidades de lugar y tiempo, muy esenciales á la perfeccion dramática, deben acompañar á la de accion que la es indispensable; y si parece dificil la práctica de estas reglas, no por eso habrá de inferirse que son absurdas ó imposibles. No se cite el ejemplo de grandes poetas que las abandonaron, puesto que si las hubieran seguido, sus aciertos serian mayores. Ni se alegue que si en la representacion de una pieza cómica ó trágica es necesario que exista (para salvar las impropiedades que el arte no puede vencer) una tácita convencion de parte del auditorio, nada importa que esta convencion se dilate y aumente sin conocidos límites. Si tal doctrina llegára á establecerse, presto caerian los que la siguieran en el caos dramático de Shakespeare, y las representaciones del teatro se reducirian á las mantas y los cordeles con que decoraba los suyos Lope de Rueda. Existe en efecto la tácita convencion; pero aplicable solamente á disculpar los defectos que son inherentes al arte, no los que voluntariamente comete el poeta. Ya se ha visto con repetidos ejemplos que la observancia de las unidades de accion, tiempo y lugar