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Página:Obras de Leandro Fernández de Moratín - RAH (Tomo IV).djvu/20

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La derrota

capar: dejadme á mí, y vereis quién es Calleja.

Dicho esto se disparó por los aires adelante como un cohete; y encaramándose á las bovedillas sobre el campo de batalla, empezó á gritar con voz de trueno ó estampido de cafionazo á aquellos desesperados combatientes. ¡Ah de abajo! decia, ¿qué tremolina es esta? ¿qué locura se os ha metido en los cascos? ¿Asi se profana el alcazar de mi hermano? ¿Estamos en algun bodegon? Canalla soez, ¿qué es esto?

Oyendo tan halagüeñas razones, paró algun tanto la pelea: alzaron todos la vista, y viendo en el aire aquel espantajo voceador, no pudieron menos de maravillarse; y él, valiéndose de la turbacion que su presencia les habia causado, prosiguió diciendo: mi hermano Apolo quiere que dejeis las armas por una y otra parte: y á vosotros, quien quiera que seais, hombres desconocidos y revoltosos, os ordena que si alguna pretension tuviéreis, me la digais al instante, sin andaros en ambajes ni tranquillas, que como ella sea justa, desde luego quedareis servidos; porque de no hacerlo asi, por el alma de mi madre os juro que yo os daré á conocer del modo con que se debe tratar á los dioses.

Separáronse en efecto las dos cuadrillas: los