de estos arcos: nadie se atreva á insultar á otro: no hagan gestos, ni se tiren chinarritos, ni se escupan, ni se oiga una pulla ni mala razon, y cuenta con ella porque si hasta ahora he usado de medios suaves para conteneros, si llegais á enfadarme, vibraré contra vosotros los rayos de mi padre Júpiter, que los tenemos apilados en la armería, muchos en número, recien bulidos, y todos ellos sin estrenar. Esto decia el dios del babeo únicamente para atemorizarlos: porque segun se supo despues, no habia en toda la casa mas instrumentos bélicos que un puñal sin punta y mohoso de la señora Melpomene.
Lo cierto es que con esta diligencia cesó el combate: las tropas se retiraron á los parages señalados; y el dios, satisfecho de aquella obediencia, marchó con el perillan que habia pescado, asiéndole fuertemente de las agallas, que no le dejaba gañir.
Quiso ante todas cosas dar cuenta á Apolo de lo ocurrido; y abriendo un camaranchon sucio que habia servido muchos años de carbonera, metió en él su presa: torció la llave, colgósela del dedo meñique, y en un santiamen buscó á su hermano que estaba hojeando á toda prisa El Arte de la guerra del filosofo de Sans-Souci, y