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Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale

en efecto, en la difícil situación en que os encontráis, es absolutamente necesario, Venerables Hermanos, que vosotros, todo el clero y también las asociaciones católicas, os mantengáis completamente al margen de cualquier partido político, para no ofrecer a vuestros adversarios ningún pretexto para confundir vuestra religion con cualquier facción política. Por tanto, todos los católicos de la República Mexicana, como tales, no constituirán ningún partido político con el nombre de católico, y en particular los obispos y sacerdotes, como ya loablemente lo hacen, no se afiliarán a ningún partido político y no colaborarán con ningún periódico de partido, ya que su ministerio está necesariamente destinado a todos los fieles, más aún, a todos los ciudadanos.

Estos, pues, Venerables Hermanos, son Nuestros consejos y Nuestras disposiciones, que los cristianos deben observar fielmente y que no les impiden ejercer los derechos y deberes comunes a todos los ciudadanos; por el contrario, su misma profesión de católicos exige que hagan el mejor uso de estos derechos y deberes, para el bien inseparable de la religión y la patria. El clero no debe desinteresarse de los asuntos civiles y políticos; por el contrario, permaneciendo completamente fuera de todo partido político, debe, como es deber del oficio sacerdotal, sin perjuicio de las necesidades del sagrado ministerio, contribuir al bien de la nación, no sólo ejerciendo diligente y escrupulosamente los derechos y deberes de su competencia, sino también formando la conciencia de los fieles según las normas indefectibles de la ley de Dios y de la Iglesia.

Para lograr este fin tan noble, vuestro clero -lo repetimos con la mayor insistencia- debe, manteniéndose libre de toda disputa partidista, actuar teniendo ante sí un amplio campo de acción religiosa, moral, cultural, económica y social para formar la conciencia católica de los ciudadanos, y especialmente de los jóvenes, tanto estudiantes como trabajadores. Si seguís fielmente Nuestras exhortaciones y las lleváis a la práctica, de lo que estamos absolutamente seguros, obtendréis, con la ayuda de Dios, la solución de los gravísimos problemas que desde hace mucho tiempo atormentan a la noble nación mexicana.