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Página:Plick y Plock (1919).pdf/169

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— fraile desesperado, mirando por encima de su cabeza.

Por todas partes rocas cortadas a pico!repitió el gitano.

—Vamos, reverendo, un milagro; éste es el momento dijo el filósofo que miraba dolorosamente su caballo tan ricamente cargado.

Muchos tiros partieron de nuevo de la cima de la montaña, pero las balas caían muertas; porque los aduaneros se aproximaban lentamente y éstaban aún muy lejos, a causa de las vueltas que daba el sendero. La luna brillaba en medio de un hermoso cielo, y su dulce claridad alumbraba en todos sus detalles aquel curioso cuadro.

—¡Cuánto me gusta una hermosa noche de verano! dijo el gitano; las flores se abren para aspirar la frescura del aire, y sus perfumes nos llegan más suaves. Sentís, hermanos míos, el rico olor de los áloes y de los naranjos?

Una nueva descarga interrumpió este inconveniente monólogo, pero esta vez cayó un contrabandista.

En nombre de Cristo! tú debes salvarnos en nombre de Dios, yo te lo ordeno!gritó el fraile enseñándole el cielo.

Este movimiento resultó hermoso, pero no produjo ningún efecto, porque el gitano respondió riendo: T — En nombre de Dios. de Dios!... ¿qué se figura usted, padre mío? No bromee, pues. El momento es grave, ¡ grave !... vea usted a ese cristiano que se retuerce y pierde su sangre.

A la risa espantosa del gitano se unió el rui-