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Página:Plick y Plock (1919).pdf/236

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tonces será tiempo de invocar mis recuerdos.

Y su cabeza se inclinó sobre la del gitano, y sus bocas se oprimieron.

—Oh! ven la dijo levantándola dulcemente, ven a pasear bajo esos viejos naranjos y a respirar su perfume... ¡Mira! Rosita, yo soy tu caballero; esta sombría alameda es el Prado de Madrid; ven, amada mía, enlaza tu brazo al mío, baja el largo encaje de tu mantilla sobre tus ojos, y ven a ver estos hermosos carruajes y estas magníficas libreas. Y después, este viejo claustro negro y silencioso, es el teatro. Ven al teatro, resplandeciente de oro, de cristales y de luz. He aquí al rey, he aquí a la reina y a su corte deslumbrante de pedrería; los espectadores se levantan y saludan. Tú entras en tu palco, tu vestido es blanco como tu seno, en el pelo llevas prendida una flor roja como tus labios... También se levantan, Rosita, también se levantan por ti como por la reina de todas las Españas y dicen: « Qué bella es!» Y la miraba sonriente como si quisiera descubrir un pensamiento de vanidad en aquella frente pura y cándida.

T Oh! prefiero el viejo claustro y tu amorrepuso ella; y como se aproximase a él, su pie tropezó con una piedra verdusca—. ¿Qué es eso, amor mío?

preguntó el gitanodijo la joven deteniendo al gitano para que no pisase aquella tierra sagrada, y persignándose." — Una tumba!

— Cómo una tumba aquí, en el jardín de este claustro! yo creía que los cristianos no en-