biera podido tomar por una estatua de alabastro...
—Kernok... déjeme a su lado — murmuró, y arrojó sus brazos al cuello del pirata, que se estremeció un momento y después la rechazó.
— Vete! exclamó; ¡ vete!
— Kernok!... ¡ déjame velar por tu vida! dijo echándose a sus pies.
—Zeli, líbrame de esta loca y bájala a la cala —dijo el pirata.
Y como fuese a apoderarse de Melia, ella se desprendió violentamente, y se aproximó a Kernok, con el color animado y la vista brillante.
—Al menos dijo, toma este talismán; póntelo y protegerá tu vida durante el combate; su efecto es cierto; fué mi abuela quien me lo dió. Ese mágico talismán es más fuerte queel destino... Créeme, póntelo.
Y ella tendía a Kernok un saquito suspendido de un cordón negro.
— Atrás esa loca! dijo Kernok encogiéndose de hombros—; &me has oído, Zeli? ¡a la cala!
—Si tú mueres, que sea por tu voluntad ; pero al menos yo compartiré tu suerte. Ahora, nada, nada en el mundo protegerá mi vida; ¡ vuelvo a ser mujer como tú eres hombre ! exclamó Melia que arrojó el saquito al mar.
— Excelente muchacha! dijo Kernok siguiéndola con la vista mientras que dos marineros la bajaban al sollado por medio de una silla atada a una larga cuerda.
Y la corbeta inglesa se aproximaba siempre...
Zeli se aproximó a Kernok.