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nok, reparó prontamente sus averías, y se dejó ir sobre el corsario.
Entonces estaba tan cerca, que se oían las voces de mando de los oficiales ingleses.
—Muchachos, a vuestras piezas dijo Kernok precipitándose hacia un banco con la bocina en la mano; a vuestras piezas, y i voto a tal! no hagáis fuego sin que os lo manden.