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XXIII
PRÓLOGO.

variados: Arango y Escandon pulsa la lira de Fray Luis de Leon, cuya vida trazó ya con hábil pluma; Collado recuerda los acentos vigorosos de Quintana y Gallego; Roa Bárcena y Segura son célebres literatos; Bassoco, Pimentel y Peña se acreditan como filólogos; como arqueólogo Orozco y Berra; García Icazbalceta, dignísimo Secretario de la Academia, hace resurrecciones de autores injustamente olvidados, imitando áun la fisonomía de las ediciones primitivas, y enriqueciéndolas con proemios y comentarios en que, bajo flúido y apacible estilo, se trasparenta el oro de riquísima erudicion[1]. Trabajos de éstos y otros no ménos notables individuos de la Academia aparecen en las Memorias que desde 1876 publica la docta Corporacion.

Para que nada dejase que desear este movimiento literario, y mereciese llamarse verdadero y glorioso Renacimiento, el insigne helenista cuyas obras dan especialmente ocasion á estas líneas, ya con magistrales traducciones poéticas, ya con obras originales, con el ejemplo autorizado y el consejo persuasivo, despierta y promueve el gusto por los estudios clásicos, que siempre precedieron en todo pueblo culto á la creacion de una literatura nacional.


  1. Las principales obras editadas y comentadas por Icazbalceta son: «Coloquios espirituales de Eslava,» « Méjico en 1554: diálogos latinos de Cervantes de Salazar,» «Historia eclesiástica indiana por Mendieta,» y una valiosa «Coleccion de documentos para la historia de México.»