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XXVII
PRÓLOGO.

ACAICO emprende la edicion de los «Bucólicos Griegos,» aprovechándose de su estancia accidental en la ciudad de Méjico, á donde le habian llevado «asuntos graves.»

Como epígrafe de sus obras y con alusion á su dignidad, ha adoptado IPANDRO ACAICO aquella frase de Mosco, en el Canto fúnebre de Bion:

  • As:ôwv èvópevE Cantando apacentaba su ganado.

El ejemplar de los «Ocios» que poseemos, presenta, en buena fotografía, el semblante apacible é inteligente del poeta, y allí se ven las insignias del Obispo, á las cuales se refiere él mismo en el siguiente soneto:

Á UN POETA, ENVIÁNDOLE MI RETRATO, Esa que ostento despejada frente, Esa sonrisa y juvenil mirada, Ocultan jay! un alma acongojada Y un corazon que el exterior desniente.

La que en mi pecho brilla refulgente Pequeña cruz, de piedras adornada, Atorméntame más y es más pesada Que la que lleva al hombro el delincuente.

¿El anillo lucir veis en mi dedo? Es manantial perenne de dolores Que á quien no los sintió decir no puedo.

Dc vuestra alegre Musa entre las flores La alegre efigie conservad, Alfredo, Del último y menor de los pastores.