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RIO MORO
Tu incesante rumor vine escuchando
desde la cumbre de lejana sierra;
los ecos de los montes repetían
tu trueno en sus recónditas cavernas.
Juzgué por ellos tu raudal, fingiíme
tras vaporoso velo tu belleza,
y ya sobre tu espuma suspendido,
gozo en ahogar mi voz con tu bramido.
desde la cumbre de lejana sierra;
los ecos de los montes repetían
tu trueno en sus recónditas cavernas.
Juzgué por ellos tu raudal, fingiíme
tras vaporoso velo tu belleza,
y ya sobre tu espuma suspendido,
gozo en ahogar mi voz con tu bramido.
¡Qué mísera ficción! Quizá en mis sueños
he recorrido tus hermosas playas,
en esas horas en que el cuerpo muere,
y adora á Dios en su creación el alma;
que sólo dejan en la mente débil
pálidas tintas y memorias vagas;
pero te encuentro grande y majestuoso,
rey ponderado del desierto hermoso.
he recorrido tus hermosas playas,
en esas horas en que el cuerpo muere,
y adora á Dios en su creación el alma;
que sólo dejan en la mente débil
pálidas tintas y memorias vagas;
pero te encuentro grande y majestuoso,
rey ponderado del desierto hermoso.
Bajo el techo de musgos y de pancas,
abrigo del viajero solitario,
el rudo y fatigoso movimiento
de tus ondas veloces, contemplando,
del fondo de las selvas me traían
las auras tus perfumes ignorados,
mezcla del azaḥar y del canelo,
gratos amores de mi patrio suelo.
abrigo del viajero solitario,
el rudo y fatigoso movimiento
de tus ondas veloces, contemplando,
del fondo de las selvas me traían
las auras tus perfumes ignorados,
mezcla del azaḥar y del canelo,
gratos amores de mi patrio suelo.