Ir al contenido

Página:Poesías - IA poesas00polagoog.djvu/85

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
77
¡Cuántas horas de angustias y combates,
mientras que yo velaba y él dormía,
troqué por gloria mísera, comprada,
con los mejores años de mi vida!
¡Cuántos labios queridos intentaron
ese sueño turbar, en que yacía,
ya de rey en esclavo convertido,
mujer, el corazón que has conmovido.

Alma pura, divina soñadora,
orgullo del Creador, bendita seas!
Tú que sus obras inspirada cantas,
tú que á sus pies, por los que sufren, ruegas;
tú á quien la noche muestra sus arcanos
y al sol despides, de la tarde reina,
deja vivir donde tu alma mora
á mi alma, cual la tuya soñadora.

También el mundo al trovador humilla. . . .
turba venal que de su Dios maldice:
ya no las puertas le abren los palacios,
ni el magnate lo sienta en sus festines:
el arpa al hombro, por la tierra vaga;
asilo al pobre como á hermano pide;
y le niega un rincón en sus hogares
el pueblo que recoge sus cantares.

Esta faz que los soles del desierto
y el huracán marino han retostado,
no es la que en lloro maternal bañada
las matutinas brisas enjugaron:
de sollozar mi pecho enronquecido
y de velar mis ojos fatigados,
sólo en sueños recorre el alina mía
la casa paternal, su selva umbría.