Adiós, y si en la ausencia tus sentidos
Buscan de nuevo amor la dulce palma,
Asordarán mis quejas tus oídos,
O turbarán tu indiferente calma
Mis ayes dolorosos, impelidos
Desde lo más recóndito del alma.
A DÁMASO GARCÍA.
Adiós, orilla del San Juan serena,
Sembrada de conchuelas elegantes,
Blancas, menudas, limpias y brillantes,
Como los ojos son de mi morena.
Adiós, Dámaso, adiós, que ya resuena
La prora entre las olas inconstantes,
Y al buscarte con ojos anhelantes
Partido va mi corazón de pena:
No te aflija mi suerte, ni te asombre,
Que la fina amistad anuda el lazo
Si el hombre sabe lo que vale el hombre
Hoy reiré de amor en fiel regazo,
Y á mi hechicera le daré en tu nombre
Un tierno beso y un estrecho abrazo.
No quiero que de púrpura y de nieve
Vista el oriente en mi natal la aurora,
Ni que Erato en su cítara sonora
Mi nombre al Pindó generosa lleve,
Ni que el Eterno mi canción eleve
Al sacro Empíreo donde reina y mora,
Ni que me brinde mi adorada Flora
Que el dulce beso de sus labios pruebe:
Ni que mueva mi voz los troncos rudos,
Ni que alaben mis obras los discretos,
Ni en la guerra ganar bandas y escudos:
Todos mis gozos quedarán completos,
Con que se vuelvan ciegos, mancos, mudos,
Cuantos piensen mandarme hacer sonetos.