Bendita edad en que al viento lindas burbujas mandamos, y de una caña formamos un arrogante corcel; é infatigables seguimos á las mariposas bellas, y platicamos con ellas y con las flores también.
Y sin que deseos impuros manchen nuestros pensamientos, siempre contentos, contentos, todo es gozar y gozar; porque tenemos el alma llena de música y brisas, y lleno está de sonrisas tu reloj; ¡bendita edad!
Con qué placer en la noche, que á descansar nos, obliga, una madre nos abriga de su albo seno al calor; y con ternura tan grande, que hasta el fanatismo toca, en nuestra frente coloca besos, puros como Dios.
Y con qué placer nosotros contemplamos inocentes las palomas imprudentes en torno á la luz volar; ó ya, quemando el azúcar, esperamos con anhelo las hebras del caramelo que vamos á devorar.
O ya embobados oímos, con interés que desvela, los cuentos que nuestra abuela nos cuenta para dormir: y si en los cuentos hay flores, y gigantes, genios, hadas,