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JOSÉ MARÍA HEREDIA
Marchitas sentirá. Do quier que mire
Será el mundo á sus ojos un desierto,
Y el misterioso abismo de la tumba
Será de su esperanza único puerto.
Así el piloto en tempestosa noche
Sólo distingue entre su denso velo
El mar furioso y el turbado cielo.
Entonces tú, gentil Melancolía,
Serás bálsamo dulce que suavize
Su árido corazón y le consuele
Más que el plácido llanto de la noche
Á la agostada flor. Yo tus placeres
Voy á cantar, y tu favor imploro,
Ven: tonos blandos á mi voz inspira;
Enciéndala tu aliento, y de mi lira
Templa con languidez las cuerdas de oro.
¿Quién en adversa ó próspera fortuna
No se abandona al vago pensamiento
Cuando suspira de la tierra el viento
Y de Cuba en el mar duerme la luna?
¿Quién no ha sentido entonces dilatarse
Su corazón y con placer llevarse
Á mil cavilaciones deliciosas
De ventura y amor? ¡Con qué deleite
En los campos bañados por la luna
Siguen nuestras miradas pensativas
La sombra de las nubes fugitivas
En océano de luz puro y sereno!
¿Qué encanto hay en la calma de la noche
Del hondo mar en la distante furia,
Que halaga al corazón? Melancolía,
Tú respiras allí: tu faz amable,
Será el mundo á sus ojos un desierto,
Y el misterioso abismo de la tumba
Será de su esperanza único puerto.
Así el piloto en tempestosa noche
Sólo distingue entre su denso velo
El mar furioso y el turbado cielo.
Entonces tú, gentil Melancolía,
Serás bálsamo dulce que suavize
Su árido corazón y le consuele
Más que el plácido llanto de la noche
Á la agostada flor. Yo tus placeres
Voy á cantar, y tu favor imploro,
Ven: tonos blandos á mi voz inspira;
Enciéndala tu aliento, y de mi lira
Templa con languidez las cuerdas de oro.
¿Quién en adversa ó próspera fortuna
No se abandona al vago pensamiento
Cuando suspira de la tierra el viento
Y de Cuba en el mar duerme la luna?
¿Quién no ha sentido entonces dilatarse
Su corazón y con placer llevarse
Á mil cavilaciones deliciosas
De ventura y amor? ¡Con qué deleite
En los campos bañados por la luna
Siguen nuestras miradas pensativas
La sombra de las nubes fugitivas
En océano de luz puro y sereno!
¿Qué encanto hay en la calma de la noche
Del hondo mar en la distante furia,
Que halaga al corazón? Melancolía,
Tú respiras allí: tu faz amable,