Esta página ha sido corregida
248
JOSÉ MARÍA HEREDIA
De tempestades hórridas cargado
Un cielo triste y denso,
Y en este oscuro mar sepulcro inmenso.
Un cielo triste y denso,
Y en este oscuro mar sepulcro inmenso.
»Nunca, nunca la altura en que vagamos
Miró ningún mortal. Ved cuál se turba
Ya trémulo el imán, y vacilando
Á tanta inmensidad, nos abandona
Bajo este ardiente cielo
Á errar sin esperanza ni consuelo.
Miró ningún mortal. Ved cuál se turba
Ya trémulo el imán, y vacilando
Á tanta inmensidad, nos abandona
Bajo este ardiente cielo
Á errar sin esperanza ni consuelo.
»Y al cabo á perecer. Hambre rabiosa,
Sobre nosotros lanzaráse presto
Á finar en tormentos nuestra vida,
Si antes no hallamos muerte menos dura
En escollos clavados,
Ó del fuego celeste fulminados.
Sobre nosotros lanzaráse presto
Á finar en tormentos nuestra vida,
Si antes no hallamos muerte menos dura
En escollos clavados,
Ó del fuego celeste fulminados.
»Y ¿os obstináis en ceguedad funesta,
Sordos ¡ay! á la voz del desengaño?
¡Vil seductor! ¿Á su codicia insana
Nos hemos de inmolar? Alzad, amigos,
Y la muerte evitemos,
Y á la patria dulcísima tornemos.»
Sordos ¡ay! á la voz del desengaño?
¡Vil seductor! ¿Á su codicia insana
Nos hemos de inmolar? Alzad, amigos,
Y la muerte evitemos,
Y á la patria dulcísima tornemos.»
Dice, le aplauden, y sonando el eco
Revuelve por el aire y Oceano
El extraño clamor, mientra en la popa,
El cobarde murmurio despreciando
De la chusma impaciente,
Alza Colón imperturbable frente.
Revuelve por el aire y Oceano
El extraño clamor, mientra en la popa,
El cobarde murmurio despreciando
De la chusma impaciente,
Alza Colón imperturbable frente.