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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo III (1919-1921).pdf/145

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lo sucedido: pues que venían a ser arterías y apariencias muy bien disimuladas con dañados intentos, prestándose a admitir al mismo Timoleón, si quería pasar cerca de Iquetes, y tener parte con él en todos los consejos y en todos los negocios; mas con la condición de que las naves y los soldados los había de despachar a Corinto, como que de una parte faltaba muy poco para que la guerra estuviese acabada, y de la otra se hallaban los Cartagineses en ánimo de impedir el desembarco y pelear contra los que hiciesen resistencia. Los Corintios, pues, cuando llegados a Reggio se hallaron con semejante embajada, y vieron que los Fenicios estaban surtos por aquellas inmediaciones, se indignaron de ser escarnecidos, y en todos se suscitó enojo contra Iquetes, y miedo por los infelices Siracusanos, conociendo bien que se los reducía a ser galardón y premio, para Iquetes, de su traición, y para los Cartagineses, de su tiranía. Parecióles, sin embargo, no ser factible vencer a las naves de los bárbaros ancladas allí cerca, que eran en doble número, y a las tropas de Iquetes, con las que contaban haber hecho en unión la guerra.

X. No obstante todo esto, presentándose Timoleón a los embajadores y a los caudillos de los Cartagineses, les contestó sosegadamente que se prestaría a lo que tenían acordado—¿ni qué hubiera adelantado con oponerse ?—; pero que quería que se trataran estas cosas por demandas y respuestas, ante una ciudad griega amiga de