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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo III (1919-1921).pdf/160

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bogaron y se dirigieron a la Sicilia, tan seguramente y con tal serenidad, que llevaban los caballos del diestro nadando junto a las embarcaciones.

XX. Hecha la travesía, y reunidos con Timoleón, tomó éste inmediatamente a Mesina; y ordenado su ejército partió para Siracusa, más confiado en su buena suerte y favorables sucesos, que en sus fuerzas: porque las que tenía consigo no pasaban de cuatro mil hombres. Noticiado a Magón su arribo, no dejó de concebir inquietud y temor, y además entró en sospechas con el motivo siguiente. En las charcas inmediatas a la ciudad, donde se recoge mucha agua potable de fuentes y mucha también de los lagos y ríos que corren al mar, se cría abundancia de anguilas, y los que lo intenten pueden siempre hacer copiosa pesca; así, los asalariados de uno y otro ejército, estando en ocio y tregua, se dedicaban a este ejercicio. Eran todos Griegos, y no teniendo entre sí motivo particular de enemiga, aunque en los combates peleaban denodadamente, en el tiempo de tregua se reunían y conferenciaban unos con otros; y entonces, entreteniéndose en la común ocupación de la pesca, trababan conversación, ponderando la apacibilidad del mar y la belleza de aquellos contornos. En una de estas ocasiones dijo uno de los que militaban con los Corintios: "¿Es posible que una ciudad como ésta, tan grande y tan abastada de bienes, habéis de querer barbarizarla vosotros siendo Griegos y establecer cerca de nosotros a esos malvados e inhumanos Cartagineses, respecto