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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo III (1919-1921).pdf/176

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grande gritería, ya no esperaron otra suerte, sino que pasando precipitadamente el río por el orden en que estaban, cayeron con ímpetu sobre los enemigos, los cuales no sostuvieron el choque, sino que dieron a huir, abandonando todos las armas, y en el alcance murieron como unos mil de ellos.

XXXII.—Marchando de allí a poco con su ejército Timoleón al territorio de los Leontinos, tomó vivo a Iquetes, a su hijo Eupolemo y al general de la caballería, Eutimo, que fueron aprehendidos por sus propios soldados y conducidos a su presencia; Iquetes y su hijo sufrieron la muerte, que tenían merecida, como tiranos y traidores.

Eutimo, sin embargo de ser hombre de valor para los combates y distinguido por su arrojo, no alcanzó compasión por una expresión injuriosa contra los Corintios, de la que era acusado; porque se refería que cuando los Corintios movieron con tra ellos, arengando a los Leontinos, les había dicho que nada había que debiera causar miedo o espanto en que: Hubleran las mujeres de Corinto salido o no salido de sus casas.

Asi es que los más sufrimos peor las malas palabras que las malas obras, porque es más difícil de llevar el desprecio que la pérdida; y el vengarse con obras se permite como necesario a los enemigos; pero los dichos injuriosos parece que nacen de sobrado rencor y sobrada malicia.

XXXIII. Vuelto Timoleón, los Siracusanos,