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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo III (1919-1921).pdf/179

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la una Megelo y Feristo desde Elea, y la otra Gorgo, desde Quío, trayendo consigo a los antiguos ciudadanos. Así, procurando no solamente seguridad y reposo después de tales agitaciones a los que en ellas se establecían, sino proporcionándoles todavía otras muchas cosas, y dándoles aliento, fué de sus ciudadanos mirado y venerado como fundador.

Los mismos eran los sentimientos de todos los demás hacia él, y ni en la terminación de una guerra, ni en la formación de una ley, ni en el establecimiento de una colonia, ni en el arreglo de un gobierno, parecía haberse acertado si él no intervenía, y si como perfeccionador de la obra no contribuía a exornarla, añadiéndole cienta gracia sobresaliente y como divina.

XXXVI.—Muchos Griegos había habido antes de él que se habían hecho ilustres y que habían ejecutado grandes cosas, de cuyo número son Timoteo, Agesilao, Pelópidas y aquel a quien más se propuso imitar Timoleón, Epaminondas; mas las hazañas de éstos presentan lo brillante confundido con cierta violencia y esfuerzo, tanto, que en algunas tuvo lugar la reprensión y el arrepentimiento, mientras que cuando en todos los hechos de Timoleón, si ponemos fuera de cuenta el estrecho en que se vió respecto del hermano, ninguno hay al que no le convenga, como dice Timeo, aquella exclamación de Sófocles: ¿Qué Venus o qué amores, sacros Dioses, han puesto aquí su poderosa mano?