suerte nos proporcionara imágenes bellas, y que más bien nos vinieran de lo que nos rodea las convenientes y provechosas, que no las malas y siniestras, introdujo en la fi'osofía un axioma falso, capaz de conducir a interminables supersticiones: cuando nosotros, con ocuparnos en la Historia y acostumbrarnos a esta clase de escritura, teniendo siempre presentes en nuestros ánimos los monumentos que nos dejaron los varones más virtuosos y aprobados, nos proveemos de medios con que deshacer y borrar lo malo y vicioso que de la necesaria comunicación de los hombres puede pegársenos, convirtiendo nuestra mente tranqui'a y sosegada a los ejemplos más virtuosos.
Continuando, pues, en este propósito, te ponemos ahora en la mano la vida de Timoleón de Corinto (1) y de Emilio Paulo, varones que no sólo se parecieron en sus inclinaciones, sino también en haberles sido próspera la Fortuna, dando motivo a que se dude si tuvo más parte en sus triunfos la buena suerte que la prudencia.
II. Convienen los más de los historiadores en que en Roma la casa de los Emilios era de las patricias y de las más antiguas; pero en cuanto a que e' primero de ellos, que dejó a la familia este apellido, hubiese sido Mamerco, hijo del sabio Pitágoras, dándosele el nombre de Emilio por su elegancia y gracia en el decir, esto sólo lo refieren algunos de los que atribuyen a Pitágoras (1) El orden que enumera estas Vidas demuestra que el verdadero sitio del prólogo es el que hemos indicado.