dose pagar después de su muerte la dote de su mujer, apenas hubo lo preciso.
V.—Casóse con Papiria, hija de Masón, varón consular, y después de haber vivido en su compañía largo tiempo, disolvió aquel matrimonio, no obstante haber tenido de ella una ilustre sucesión, pues que dió a luz al célebre Escipión y a Fabio Máximo. Causa escrita de este repudio no ha llegado a nuestra edad, pero quizá fué uno de aquellos que hicieron cierta una especie que corre acerca del divorcio. Había un Romano repudiado a su mujer, y le hacían cargo sus amigos, preguntándole: "¿No es honesta? ¿No es hermosa? ¿No es fecunda?" Y él, mostrando el zapato, al que los Romanos llaman calceo, les dijo: "No me viene bien? ¿No está nuevo?, pues no habría entre vosotros ninguno que acertase en qué parte del pie me aprieta." Y en verdad que por grandes y conocidos yerros se separaron algunos de sus mujeres; pero los tropiezos, aunque pequeños, continuos de genio y diferencia de costumbres, éstos se ocultan a los de afuera, y engendran, sin embargo, con el tiempo en los que viven juntos desazones insufribles. Separado por este término Emilio de Papiria, casóse con otra, y habiendo tenido en ella dos hijos varones, a éstos los mantuvo a su lado, y a los otros los introdujo en las primeras casas y en los linajes más ilustres; al mayor, en la de Fabio Máximo, que fué cinco veces cónsul, y al menor, le adoptó el hijo de Escipión Africano, de quien era primo, prestán-