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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo III (1919-1921).pdf/230

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decente desnudar ante el pueblo, y volviéndose a Galba: "Tú, sin duda, le dijo, te burlas de estas señales, mas yo las ostento con vanidad a mis conciudadanos, pues por ellos, no bajando del caballo ni de día ni de noche, las he recibido (1); pero vamos, llévalos a votar, que yo bajaré y los seguiré a todos, y con esto conoceré quiénes son los malos y desagradecidos y los que en la guerra quieren más alborotar que obedecer a guardar disciplina." XXXII.—Dícese que de tal modo quebrantó y sorprendió a la gente de guerra este discurso, que después, por las otras tribus, le fué a Emilio decretado el triunfo. Ordenóse luego, según la memoria que ha quedado, de esta manera: el pueblo, habiéndose levantado tablados en los teatros para las carreras de los caballos, que se llaman circos, y en las inmediaciones de la plaza, y en todos los parajes por donde había de pasar la pompa, la vió desde ellos, yendo toda la gente vestida muy de limpio; los templos todos estaban abiertos y llenos de coronas y perfumes; muchos alguaciles y maceros, apartando a los que indiscretamente corrían y se ponían en medio, dejaban libre y desembarazada la carrera. La ceremonia toda se repartió en tres días, de los cuales en el primero, que apenas alcanzó para el botín de las estatuas, de las pinturas y de los colosos, tirado todo por doscientas yuntás, esto mismo fué lo que hubo que (1) Véase el relato que hace de esta curiosa escena Tito Livio, XLV, 30.