danza de su suerte y prestarle auxilios, nada más se sabe sino que fué trasladado de la que los Romanos llaman cárcel a un lugar más decente, en el que se le trató con más humanidad; pero custodiado siempre en él, según la opinión del mayor número de escritores, se quitó a sí mismo la vida, negándose a tomar alimento. Mas con todo, hay algunos que señalan otra causa particular y extraña de su muerte; pues dicen que estando incomodados e irritados con él los soldados encargados de custodiarle, como no pudiesen ofenderle ni molestarle en otra cosa, le despertaban del sueño, estando siempre atentos a que no se durmiese y a desvelarle por todos medios, hasta tanto que con esta especie de mortificación acabó sus días. Murieron también dos de sus hijos, y del tercero, llamado Alejandro, se dice que fué primoroso y de grande ingenio en el cincelar y tornear; y que habiendo aprendido las letras y la lengua romana, fué amanuense de los primeros magistrados, por haberse visto que era muy diestro y elegante en este ejercicio.
XXXVIII. Entre estos brillantes sucesos de la guerra macedónica, lo que concilió a Emilio mayor aprecio entre todos fué haber puesto en el erario tal cantidad de dinero, que no hubo necesidad de que contribuyera el pueblo hasta los tiempos de Hircio y Pansa, que fueron cónsules hacia la primera guerra de Antonio y César; pero lo más particular y admirable en Emilio fué que con ser muy venerado y honrado del pueblo,