nan que esta amistad tan íntima tuvo principio en la expedición de Mantinea, en la que militaron con los Lacedemonios que todavían les eran amigos y aliados, con motivo de haber la ciudaa de Tebas enviádoles socorros. Porque colocados juntos entre la infantería y peleando contra los Arcades, cuando vió el ala derecha de los Lacedemonios que les estaba opuesta y se desbandó la mayor parte, formando ellos galápago hicieron frente a cuantos los embistieron. Al cabo de poco, Pelópidas, que había recibido cara a cara siete heridas, vino a caer entre multitud de cadáveres de amigos y enemigos, y entonces Epaminondas, no obstante tenerle por muerto, para proteger su persona y sus armas siguió la pelea y el riesgo, solo contra muchos, teniendo por mejor morir en la demanda que abandonar a Pelópidas caído: hasta que, hallándose ya él mismo en el peor estado, herido de una lanzada en el pecho y de una estocada en un brazo, vino en su auxi'io de la otra ala Agesípolis, rey de los Espartanos, y contra toda esperanza los recobró a entrambos.
V. De alli a algún tiempo, aunque los Espartanos todavía afectaban ser amigos y aliados de los Tebanos, en realidad miraban ya con ceño su altivez y su poder, y, sobre todo, no estaban bien con el partido de Ismenias y Andróclides, al que pertenecía Pelópidas, por parecerles demasiado liberal y democrático. En esta situación, Arquías, Leontidas y Filipo, oligarquistas y ricos, que aspiraban a mandar, persuadieron al