servir de honor y de consuelo; pues no hacen la corte los Tesalianos a Pelópidas, todavía vivo, ni en tiempo que pueda sentirlo le retribuyen los correspondientes honores, sino que con sernos permitido tocar su cadáver, hacerle las debidas exequias y sepultar su cuerpo, parecerá que debe creérsenos si decimos que esta calamidad es mayor para nosotros que para los Tebanos, pues que vosotros sólo habéis perdido un excelente general, cuando nosotros, además de esta pérdida, hemos sido privados de la libertad. ¿Y cómo ya nos atreveremos a pediros otro general, no restituyéndoos a Pelópidas?" Condescendieron, pues, los Tebanos con sus ruegos.
XXXIV. Ciertamente que no habrá habido exequias más magníficas que éstas, a juicio de los que no colocando lo magnífico en el marfil, en el oro y en la púrpura, se distinguen de Filisto, que cantó y engrandeció el enterramiento de Dionisio, haciéndolo el desenlace teatral de su tiranía, como si fuera el de una gran tragedia. También Alejandro el Grande, muerto Efestión, no sólo esquiló las crines de los caballos y de las acémilas, sino que quitó las almenas de los muros, para dar a entender que las ciudades lloraban, habiendo tomado aquel aspecto lúgubre y humilde en lugar de su antigua belleza. Mas todos éstos no son sino preceptos de tiranos, impuestos por necesidad, para envidia de aquellos en favor de quienes se expiden, y en más odio de los que para ellos emplean la fuerza; lejos de ser expresiones de