gún miramiento como tiránicos y disparatados; pero con el pueblo sucedía lo que Aristófanes expresó bellamente en estos términos: A un tiempo le desea y le aborrece; i mas, con todo, en tenerle se complace (1).
Y más bellamente todavía en esta alusión a él: No criar el león lo mejor fuera; mas aquel que en criarle tiene gusto, fuerza es que a sus costumbres se acomode (2).
Porque sus donativos y sus gastos en los coros; sus obsequios a la ciudad, superiores a toda ponderación; el esplendor de su linaje, el poder de su elocuencia, la belleza de su persona, y sus fuerzas corporales, juntas con su experiencia en las cosas de la guerra, y su decidido valor, hacían que los Atenienses fueran indulgentes con él en todo lo demás y se lo llevaran en paciencia, dando siempre a sus extravíos los nombres benignísimos de juegos y muchachadas. Fué uno de ellos haber puesto preso al pintor Agatarco y remunerarlo con dones después que le pintó la casa: otro, dar de bofetadas a Taureas, su contendor en un coro, porque le disputó la victoria; y otro, asimismo, haberse tomado de entre los cautivos a una mujer de Melia, y ayuntándose a ella, criar un niño tenido en la misma; porque también esto lo calificaban de bondad; y todo, (1) Ranas, 1425.
(2) Ranas, 1431.