ni por el pueblo ni por el Senado, sino que presentándose ante la muchedumbre uno de los cónsules o de los pretores, nombra dictador a aquel que le parece, y por este d.cho nombramiento se llama dictador el designado, porque al hablar o pronunciar le llaman los Romanos dicere; aunque a otros les parece que el dictador se llama así, porque sin necesidad de votos o de autorización de otros para nada, él, por sí mismo, dicta lo que cree conveniente; porque también los Romanos a las determinaciones de los arcontes, que llaman los griegos ordenanzas, les dan el nombre de edictos.
XXV. Cuando vino de Sicilia el colega de Marcelo, quería que se prodamase a otro por dictador; como fuese muy ajeno de su carácter el ser violentado en su opinión, se hizo de noche a la vela para Sicilia; y de este modo el pueblo nombró dictador a Quinto Fulvio: con todo, el Senado escribió a Marcelo para que lo designase él mismo; y mostrándose obediente, lo ejecutó así, suscribiendo a los deseos del pueblo; y él fué otra vez designado para continuar en el mando con la dignidad de procónsul. Convino con Fabio Máximo en que éste se dirigiría contra Tarento, y que él, viniendo a las manos y distrayendo a Aníbal, le estorbaría que pudiera ir en socorro de los Tarentinos; en consecuencia de lo cual le acometió cerca de Canusio, y aunque éste mudaba de posiciones y andaba retirándose, se le aparecía por todas partes. Finalmente, estando para fijar