los reales, lo provocó con escaramuzas, y cuando iban a trabar la batalla, sobrevino la noche y los separó. Mas al día siguiente se halló ya Aníbal con que tenía su ejército sobre las armas; de manera que llegó a incomodarse, y reuniendo a los Cartagineses, les rogó que en reñir aquella batalla excedieran a cuanto habían hecho en las anteriores: "Porque ya veis—es dijo que no nos es dado reposar después de tantas victorias, ni tener holganza siendo los vencedores, si no espantamos a este hombre"; y con esto se comenzó la batalla. Parece que en ella, queriendo Marcelo usar de una estratagema que se vió ser intempestiva, cometió un yerro; en efecto, viendo maltratada su ala derecha, dió orden para que avanzara una de las legiones, y como este movimiento hubiese inducido turbación en los que peleaban, puso con esto la victoria en manos de los enemigos; habiendo muerto de los Romanos dos mil y setecientos hombres. Retiróse Marcelo a su campamento, y reuniendo el ejército, les dijo que lo que era armas y cuerpos de Romanos, veía muchos; pero Romano, no veía ninguno. Pidiéronle perdón, y les respondió que no podía darlo a los vencidos, y sólo lo concedería si venciesen, pues al día siguiente habían de volver a la batalla, para que sus ciudadanos oyesen antes su victoria que su fuga; y dicho esto, mandó que a las escuadras vencidas se les repartiese cebada en vez de trigo; con lo que, sin embargo de que muchos se hallaban grave y peligrosamente heridos, se
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