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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo III (1919-1921).pdf/42

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del pueblo. Con estos consejos y exhortaciones convenció Timeo por fin a Andócides, y haciéndose denunciador de sí mismo y de otros, consiguió para sí la inmunidad conforme al decreto; pero los que por él fueron denunciados, a excepción de los que pudieron huir, todos murieron.

Para ganarse más crédito, comprendió Andócides en la delación a sus propios esclavos, mas no con esto desfogó el pueblo toda su rabia; por el contrario, libre ya de los mutiladores de Mercurio, como con una ira que había quedado ociosa, se convirtió todo contra Alcibíades. Ultimamente envió en su busca la nave de Salamina, bien que encargando, no sin gran cautela, que no se le hiciese violencia ni se tocase a su persona, sino que se le hablara blandamente, dándole orden de ir a Atenas para ser juzgado y satisfacer al pueblo, porque temían un tumulto y una sedición del ejército en tierra extraña, cosa que Alcibíades, a haber querido, le hubiera sido muy fácil de ejecutar, pues con su ausencia desmayó mucho aquél, temiendo que en las manos de Nicias iría larga la guerra y experimentaría dilaciones fastidiosas faltando el aguijón que todo lo movía, por cuanto, aunque Lamaco era belicoso y valiente, carecía de dignidad y respeto por su pobreza.

XXII. Embarcándose, pues, inmediatamente Alcibíades, les quitó a los Atenienses a Mesana de entre las manos, porque, estando prontos los que habían de entregar la ciudad, él, que estaba bien enterado de todo, lo reveló a los amigos de los