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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo III (1919-1921).pdf/48

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recíprocas adulaciones: así, de los paraísos o jardines que tenía, el más delicioso a causa de sus aguas y praderías saludables, y en el que ha bía además mansiones y retraimientos dispuestos regia y ostentosamente, ordenó que se llamase a Alcibíades; y éste fué el nombre y apelación con que en adelante le llamaron todos.

XXV. Abandonando, pues, Alcibíades el partido de los Lacedemonios por su infidelidad, y teniéndoles ya miedo, comenzó a desacreditar y poner en mal a Agis con Tisafernes, no consintiendo ni que los auxiliase decididamente ni que rompiese del todo con los Atenienses, sino que, presentándose penosamente a sus demandas, los fuese quebrantando y aniquilando con lentitud y por este medio pusiese a ambos pueblos bajo el poder del rey, debilitados los unos por los otros. Dejóse éste persuadir fácilmente, viéndose bien a las claras que le amaba y tenía en mucho: de modo que de una y otra parte tenían los Griegos puestos los ojos en Alcibíades, arrepentidos ya los Atenienses con sus malos sucesos de la determinación tomada contra él; y él mismo estaba incomodado por lo hecho, y tomía no fuera que, destruída del todo la ciudad, viniera a caer en las manos de los Lacedemonios, de quienes era aborrecido. En Samos venía a estar entonces la suma de los intereses de los Atenienses; y partiendo desde allí con sus fuerzas navales, recobraban a unos aliados y conservaban a otros, por ser en el mar superiores a sus enemigos; pero temían a Tisafer-