todos estaban entregados al vino y los banquetes, esparcidos por las casas. Cuando llegaron a entender que eran dueños de la ciudad los enemigos, estaban ya tan mal parados con la hartura y la embriaguez, que muchos ni siquieran pudiera intentar la fuga, y del modo más vergonzoso fueron muertos sin bullirse, o se pusieron ellos mismos en manos de los enemigos.
Por este término sucedió que una misma ciudad fué tomada dos veces en un día, perdiéndola los que la tenían, y volviendo a perderla los que la habían tomado, por disposición de Camilo.
XXXVI—El triunfo que por estos sucesos se le decretó le concilió mayor gracia y esplendor que los dos precedentes; porque aun aquellos ciudadanos que le miraban mal, y se empeñaban en atribuír sus victorias, más bien a su fortuna, que á su virtud, se vieron entonces precisados a reconocer que en la gloria de aquellas hazañas abían tenido mucha parte la actividad y pericia de tal general. El más distinguido entre los que le hacían tiro y le miraban con envidia era aquel Marco Manlio, que fué el primero a arrojar de la eminencia a los Celtas, cuando de noche intentaron asaltar el Capitolio, y que por esto tuvo el sobrenombre de Capitolino; porque aspirando a ser el primero entre los ciudadanos, y no pudiendo adelantarse en gloria a Camilo por medios honestos, recurrió, para abrirse camino, a la tiranía, al medio común y usado de ganarse la muchedumbre, y especialmente los oprimidos con