persona, imperturbable en el decir, sucediera lo que sucediese, con el tono inalterable de su voz, con todas estas cosas sorprendía maravillosamente a todos. Estuvo en una ocasión un hombre infame y disoluto insultándole todo el día, y lo aguantó, aun en la plaza, mientras tuvo que despachar los negocios que ocurrieron; a la tarde se retiraba tranquilo a casa, y aquel hombre se puso a seguirle, vomitando contra él toda suerte de dicterios; llegó a casa cuando ya había obscurecido, y mandó a un criado que tomase un hacha y fuese acompañando a aquel hombre. hasta su posada. El poeta Ion dice que el trato de Pericles era arrogante y soberbio, y que a lo jactancioso se reunía en él cierta altivez y desprecio de los demás; y celebra a Cimón de atento, de afable y de festivo en las concurrencias. Pero sin hacer caso de Ion, que, al modo que en la representación trágica, quiere que también en la virtud haya su poquito de sátira (1), a los que a la gravedad de Pericles le daban el nombre de arrogancia y soberbia, los exhortaba Zenón a que ellos también se mostraran orgullosos de modo semejante, para que la ficción de lo bueno engendrara en sus ánimos, sin que lo echasen de ver, recta imitación y costumbre.
VI. Ni solo este fruto sacó Pericles de su comunicación con Anaxágoras, sino que parece haberse hecho con ella superior a la superstición, (1) Alusión al drama satírico que acompañaba la trilogía trágica.