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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo II (1919-1921).pdf/179

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tuna, y que han sucedido a otros generales, y ninguno hablase de la mayor y más excelente, que es, dijo, el que por mi causa ningún Ateniense ha tenido que ponerse vestido negro (1).

XXXIX. Admirable hombre, en verdad!, no sólo por la blandura y suavidad que guardó en tanto cúmulo de negocios y en medio de tales enemistades, sino por su gran prudencia, pues que entre sus buenas acciones reputó por la mejor el no haber dado nada en tanto poder ni a la envidia ni a la ira, ni haber mirado a ninguno de sus enemigos como irreconciliable; y yo entiendo que sólo su conducta bondadosa y su vida pura y sin mancha, en medio de tan grande autoridad, pudo hacer exenta de envidia y apropiada rigurosamente a él la denominación, al parecer pueril y chocante, que se le dió llamándole Olimpio. Así te nemos por digno de la naturaleza de los dioses que, siendo autores de todos los bienes y no causando nunca ningún mal, por este admirable orden gobiernen y rijan todo lo criado: no como los poetas, que nos inculcan opiniones absurdas, de que sus mismos poemas los convencen, llamando al lugar en que se dice habitan los dioses una residencia estable y segura, adonde no alcanzan los vientos ni las nubes, sino que siempre y por todo tiempo resplandece invariable con una serenidad suave y una lumbre pura, como corresponde a la mansión de lo bienaventurado e inmortal; cuand (1) El traje negro se llevaba para indicar no sólo el luto, sino también la tristeza.