salvarse; pero entonces, falto de fuerzas por la debilidad del cuerpo, y fatigado con tanto caminar, se había puesto pesado y torpe, y un tropiezo del caballo lo derribó al suelo. La caída fué terrible, y habiendo recibido el golpe en la cabeza, quedó por largo rato sin sentido; tanto, que los enemigos, teniéndole por muerto, intentaron volver el cuerpo y despojarle; mas como levantando la cabeza se hubiese puesto a mirarlos, acudiendo en gran número le echaron las manos a la espalda, y atándolo, se lo llevaron, usando de mil improperios e insultos con un hombre que ni por sueño podía haber temido semejante cosa de Dinócrates.
XIX. En la ciudad, llegada la noticia, se pusieron muy ufanos, y corrieron en tropel a las puertas; pero cuando vieron que traían a Filopemen de un modo tan poco correspondiente a su gloria y sus anteriores hazañas y trofeos, los más se compadecieron y consternaron, hasta el punto de llorar y de despreciar el poder humano, teniéndole por incierto y por nada. Así, al punto corrió entre los más la voz favorable de que era preciso tener presentes sus antiguos beneficios y la libertad que les había dado, redimiéndoles del tirano Nabis; pero unos cuantos, queriendo congraciarse con Dinócrates, proponían que se le diese tormento y se le quitase la vida, como enemigo poderoso y difícil de aplacar, y mucho más temible para Dinócrates si lograba salvarse después que éste le había maltratado y