guardarían el reino. Concurrieron al acto los dos reyes, asistido cada uno de sus amigos, dando y recibiendo recíprocamente muchos presentes. Gelón, pues, uno de los partidarios más celosos de Neoptolemo, saludando a Pirro con la mayor fineza, le hizo el regalo de dos yuntas de bueyes de labor. Mirtilo, uno de los coperos de Pirro, que se hallaba presente, los pidió a éste, que no vino en dárselos a él, sino a otro; y habiéndolo sentido vivamente, no se le ocultó a Gelón esta circunstancia. Convidóle a comer, y aun, según algunos refieren, siendo un joven de buena figura, abusó de él entre los brindis, y moviéndole conversación del suceso, le exhortó a que abrazase el partido de Neoptolemo y quitase la vida a Pirro con un veneno. Mirtilo afectó prestarse a la tentación, aplaudiendo y mostrándose persuadido; pero dió de ello parte a Pirro, y de orden de éste presentó al jefe de los coperos, Alexícrates, ante el mismo Gelón, como que había de auxiliarles en el hecho; y es que Pirro quería que fuesen muchos los que pudieran servir al convencimiento de aquella maldad. Engañado Gelón de esta manera, fué todavía más engañado Neoptolemo; el cual, dando por supuesto que la asechanza iba adelante, no pudo contenerse con el placer, y lo divulgó entre los amigos. Además, comiendo una vez en casa de su hermana Cadmia, se le fué sobre ello la lengua, creyendo que nadie lo escuchaba, porque ninguno otro estaba cerca sino Fenareta, mujer de Samón, mayoral de los rebaños y vacadas de Neoptolemo; y ésta, que se
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