ban y dándose a conocer con la voz. Finalmente, acosando, sobre todo, a los Romanos los elefantes, porque los caballos, antes de acercarse a ellos, no podían tolerar su aspecto y derribaban a los jinetes, hizo Pirro avanzar a la caballería tesaliana, y abacó de derrotarlos con gran mortandad. Dionisio (1) refiere que de los Romanos murieron muy pocos, menos de quince mil, hombres, y Jerónimo (2) que sólo siete mil; y del ejército de Pirro, Dionisio que trece mil, y Jerónimo que no llegaron a cuatro mil. Eran éstos que allí perdió los más aventajados entre sus amigos y caudillos y de quienes Pirro hacía más cuenta y se fiaba más.
Tornó también el campamento de los Romanos, habiéndole éstos abandonado, atrajo a muchas de las ciudades que les eran aliadas, taló gran parte del territorio y se adelantó hasta no distar de Roma más que trescientos estadios. Reuniéronsele después de la batalla muchos de los Lucanos y Samnites, y aunque los reprendió por su tardanza, se echó bien de ver que estaba contento y ufano de que con solo el auxilio de los Tarentinos venció un poderoso ejército de los Romanos.
XVIII. No destituyeron los Romanos a Levino del mando, sin embargo de que es fama haber dicho Cayo Fabricio que no habían sido los Epirotas los que habían vencido a los Romanos, sino Pirro a Levino, dando a entender que el vencido no ha(1) Dionisio de Halicarnaso.
(2) Historiador griego, del cual no se conserva ninguna obra.
VIDAS. T. IV.