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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IV (1919-1921).pdf/272

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atrevidos y llamando traidores a la patria a los que se presentaban con ánimo de pelear por no poder contener la ira; porque la contienda con aquellas gentes no era para alcanzar triunfos o para erigir trofeos, sino para apartar lejos semejante tormenta y tempestad, salvando de este modo la Italia. Así se explicaba en confianza con los otros jefes y caudillos; pero a los soldados, manteniéndose en el valladar, les hacía por trozos que miraran a los enemigos, acostumbrándolos a ver aquellos semblantes, a oír aquella voz enteramente extraña y fiera y a enterarse de sus arreos y su táctica, para que con el tiempo la vista de aquellos objetos espantosos se los hiciera llevaderos; porque creía que la novedad acrecienta un terror falso a las cosas propias de suyo para inspirar miedo, y que la costumbre quita la admiración y asombro aun de aquellos objetos naturalmente terribles. Y aquí, no sólo la vista iba quitando continuamente algo del asombro, sino que con las amenazas y la insufrible altanería de los bárbaros la ira les encendía y abrasaba los ánimos, por cuanto los enemigos, no contentos con atropellar y asolar cuanto había alrededor, acometían a veces el campamento con grande arrojo y devergüenza, tanto, que se dió a Mario cuenta de estas voces y quejas de los soldados: "¿Por qué cobardía nuestra nos castiga Mario prohibiéndonos con llaves y porteros como a unas mujeres el venir a las manos con los enemigos?

Ea, pues, echándola de hombres libres, pregun-