puestos fuertes y ocupando los sitios más ventajosos para pernoctar con descanso. Marchando de esta manera, llegaron al lugar que se llama las Aguas Sextias, desde donde con poco que anduviesen se hallarían en los Alpes. Por lo mismo, se preparaba Mario a dar allí la batalla, escogiendo para su campamento una posición fuerte, pero que escaseaba de agua; queriendo, según decía, aguijonear con esto a los soldados; así es que quejándose mucho y haciéndole presente que tenían sed, les dijo, señalándoles con la mano un río que corría al lado del valladar de los bárbaros, que allí tenían bebida que se compraba a precio de sangre. "Pues, ¿por qué le respondieron—no nos guías ahora mismo contra ellos, mientras tenemos la sangre fresca ?" Y él, con voz blanda, les contestó: "Antes tenemos que fortificar el campamento." XIX. Obedecieran, aunque de mala gana, los soldados; pero la muchedumbre de los vivanderos y asistentes, no teniendo que beber para sí ni para las acémilas, bajaron en gran número al río, llevando unos azuelas, otros segures y algunos espadas y lanzas, juntamente con los cántaros, pensando que no podrían tomar agua en paz. Resistiéronlos al principio pocos de los enemigos, a causa de que la mayor parte estaban comiendo después del baño, y otros se bañaban, porque nacen allí copiosos raudales de agua caliente, y los Romanos sorprendieron a bastante número de los bárbaros, que, reunidos, celebraban con placer y
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