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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IV (1919-1921).pdf/283

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nes. Pero a éstos los animaba tal altanería y arrojo contra sus enemigos, que por sólo dar muestras de su pujanza y atrevimiento, más bien que porque condujes: a nada, cuando nevaba se presentaban desnudos, y por los hielos y los balagueros profundos de nieve trepaban a las cumbres, desde donde, poniendo el cuerpo sobre unos escudos llanos, se deslizaban por entre peñascos que tenían inmensos vacíos y profundidades. Como luego que acamparon cerca y examinaron el paso del río se propusiesen cegarle, y desgarrando los collados de alrededor, como otros gigantes arrastrasen al río árboles arrancados de cuajo, grandes peñascales y montes de tierra, con los que cortaban la corriente y contra los pies derechos en que se sostenía la obra arrojasen pesadas moles, que se amontonaban también en el río, y con el golpe conmovían el puente, poseídos del miedo los más de los soldados, abandonaron el principal campamento y se retiraron. Mostróse tal Catulo en esta ocasión cual conviene que sea el perfecto y consumado general, que debe anteponer a su gloria propia la de sus ciudadanos; pues luego que vió que con la persuasión no podía contener a los soldados, y que éstos, sobrecogidos, se apresuraban a marchar, mandó levantar el águila y se dirigió corriendo a ponerse al frente de los que estaban en marcha para ser el primero que guiase, queriendo que la vergüenza recayese sobre él y no sobre la patnia, y que pareciese no que huían los soldados, sino que se retiraban siguien-