pósito para que formasen en él los batallones que no eran fuertes en caballería, a causa de que las faldas del Citerón hacían inaccesibles para los caballos las cañadas contiguas al templo. Allí estaba también el templete de Andrócrates, cercado de una selva de espesos y copados árboles; y para que nada le faltase al oráculo en cuanto a la esperanza de la victoria, pareció a los Plateen ses, a propuesta de Arimnesto, quitar los términos que separaban el campo de Platea del de Atica y donar aquella región a los Atenienses, para que, según el oráculo, pelearan en su propia tierra en defensa de la Grecia. Llegó a tener tanta fama esta gloriosa decisión de los Plateenses, que Alejandro, dominando ya el Asia, muchos años después levantó los muros de Platea e hizo pregonar en los juegos olímpicos que de este modo recompensaba el rey a los Plateenses su fortaleza y su magnanimidad, por haber dado en la guerra médica a los Griegos aquel territorio, mostrándose sumamente alentados y vaEplerososla cita Que SE P XII. Disputaban los Tegeatas (1) con los Atenienses sobre el lugar que tendrían en el ejérecito, pretendiendo que, pues los Lacedemonios te Cnían el ala derecha, se les diera el ala izquierda, mahaciendo para esto grandes elogios de sus antepasados. Ofendíanse mucho de semejante contienda los Atenienses; pero salióles al encuenpu (1) Arcadios de Tegea.
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