XXVII.—Lo cierto es que se muestra en Falero su sepulcro, labrado de orden de la ciudad, porque ni siquiera dejó con qué enterrarse. Dícese que las hijas salieron del Pritaneo para ser entregadas a sus maridos, habiéndose costeado de los fondos públicos los gastos de la boda, y dándose por decreto en dote a cada una tres mil dracmas.
A su hijo Lisimaco dió asimismo el pueblo cien minas de plata y otras tantas yugadas de tierra plantada de árboles, y además otras cuatro dracmas al día, habiendo sido Alcibíades quien presentó el proyecto. Aún más todavía: como Lisimaco hubiese dejado a una hija llamada Policrita, le señaló a ésta el pueblo, según dice Calistenes, la misma ración que a los vencedores de Olimpia; y Demetrio Falereo, Jerónimo Rodio, Aristodemo el músico y Aristóteles, si es que el libro De la nobleza (1) se ha de colocar entre los genuínos de este filósofo, refieren que con Mirto, nieta de Arístides, se casó el sabio Sócrates, pues, aunque tenía otra mujer, recogió en su casa a ésta, por verla viuda y falta de todo medio de subsistir; mas estas especies las contradijo convenientemente Panecio en sus libros acerca de Sócrates.
Demetrio Falereo, en su Sócrates, dice que se acuerda de un nieto de Arístides, sumamente pobre, llamado Lisimaco, que, sentado junto al Yaqueo, se mantenía de decir la buenaventura con cierta tabla divinatoria, y que formando él mis(1) Hoy perdido, así como las demás obras que se mencionan en este capítulo.