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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IV (1919-1921).pdf/65

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sus apotegmas y sus sentencias se encuentran muchas cosas traducidas del griego a la letra.

III. Vivía a la sazón un hombre muy patriota y muy poderoso entre los Romanos, gran conocedor de la virtud nativa, y muy dispuesto a alimentarla y a inflamarla a la gloria, llamado Valerio Flaco. Tenía campos linderos a los de Catón; y enterado del desprendimiento y economía de éste por medio de sus esclavos, los cuales le referían que de madrugada iba a la plaza, se surtía de lo que había menester, y vuelto al campo, si era invierno, poniéndose una especie de anguarina, y horro de ropa, si era verano, trabajaba con sus esclavos, sentándose a comer con ellos del mismo pan, y bebiendo del mismo vino, admirado en gran manera así de esto como de oírles hablar de su moderación, de su modestia y de algunos dichos sentenciosos suyos, dió orden para que le convidaran a cenar a su casa. Desde entonces le trató familiarmente; y observando que era de carácter suave y urbano, que a manera de planta sólo pedía otro cultivo y otro aire más libre y abierto, lo inclinó y persuadió a que, trasladándose a Roma, tomara parte en el gobierno. Trasladado a aquella capital, en breve con la defensa de las causas se adquirió admiradores y amigos; y como Valerio le proporcionase además grande opinión y poder, alcanzó que primero le nombrasen tribuno, y después, cuestor. Logró ya entonces ser más señalado y conocido, y aspiró con el mismo Valerio a las primeras magistraturas, ha-