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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IV (1919-1921).pdf/76

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"hombre le dijo, cuando la vejez trae consigo tantas cosas desagradables, no le añadas la afrenta de la perversidad". A un tribuno a quien se atribuía un envenenamiento, y que había propuesto una ley perjudicial, empeñado en hacerla pasar: "Joven—le dijo—, no sé qué sería peor: si beber lo que preparas o sancionar lo que escribes." Denostándole un hombre notado de mala conducta: "No puede sostenerse le dijo—una contienda como ésta entre nosotros dos, porque tú oyes los oprobios con serenidad, y los dices sin reparo, mientras cuanto a mí se me resiste el decirlos, y no estoy acostumbrado a aguantarlos." Por este término venían a ser sus apotegmas.

X.—Designado cónsul con Valerio Flaco, su amigo y deudo, le tocó por suerte la provincia que llaman los Romanos España Citerior. Mientras allí vencía a unos pueblos con las armas yatraía a otros con la persuasión, vino contra él un ejército de bárbaros tan numeroso, que corrió peligro de ser vergonzosamente atropellado; por lo cual imploró el auxilio de los Celtiberos, que estaban cercanos. Pidiéronle éstos por precio de su alianza doscientos talentos, y teniendo todos los demás por cosa intolerable que los Romanos —se reconocieran obligados a pagar a los bárbaros aquel precio de su auxilio, les replicó Catón que nada había en ello de malo, pues si vencían, serían los enemigos quienes lo pagasen, y si eran vencidos, no existirían ni los que lo habían de pagar ni los que lo habían de pedir. Salió por fin