sistió de aquel propósito, y con esto hubo de declararse que en lo hecho no había llevado sino lo merecido. Mas de allí a poco se celebraron espectáculos de teatro, y habiéndose pasado del sitio de los consulares, yéndose a sentar en otro puesto muy lejos de allí, se movió a grande compasión el pueblo, y con sus voces le obligó a que volviese al otro lugar, enmendando y corrigiendo por este medio lo antes sucedido. Removió también del Senado a Manlio, varón que todos consideraban acreedor al consulado, con motivo de que besó de día a su mujer a vista de una hija, porque decía que a él nunca le abrazaba su mujer, sino cuando había gran tormenta de truenos; y por lo mismo solía usar del chiste de que era feliz cuando Júpiter tronaba.
XVIII. Concilió también a Catón alguna envidia el hermano de Escipión, Lucio, varón condecorado con el triunfo, y a quien aquél privó de la dignidad ecuestre, pues pareció haberlo hecho con la mira de incomodar a Escipión Africano. Mas lo que le indispuso con los más fué su empeño en cortar el lujo: porque si bien el oponérsele de frente era imposible, estando la mayor parte viciada y corrompida, tomó para ello un rodeo, haciendo dar a los vestidos, a los carruajes, a los objetos de tocador, a las vajillas y aparato de mesa, cada una de las cuales cosas pasaba en sí de mil y quinientas dracmas, un valor décuplo, para que siendo mayores las tasaciones y los precios, fuesen mayores las contribuciones. Impuso, VIDAS.—T. IV.